(Sobre el hecho místico en lo poético), a propósito del libro “Vengo del silencio” de Sandra Collazos.

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Por Gorka Lasa (Panamá 1972)

Quiero compartir la grata sorpresa y la reveladora experiencia que ha sido leer y escrutar las páginas de este hermoso poemario. Porque entre otras cosas, he vuelto a reafirmar una idea que siempre he sostenido y que ha ido tomando  fuerza y sentido a largo de mis años. Y es que pienso que la poesía – no en todo los casos claro está – es una apertura hacia la esencia profunda del Ser, una decantación hacia las fibras más íntimas del misterioso viaje humano. Y sin intentar definir aquí sus múltiples manifestaciones, creo importante a la luz de la lectura de este notable libro, desentrañar de algún modo las claves plasmadas en sus páginas y ofrecer al lector una hoja de ruta, quizás ciertos referentes que sirvan como guías de un texto rico en misterios y saturado en su estructura por una frecuencia particular.

Y es que estamos ante una poesía de marcados rasgos metafísicos, pues la poeta Collazos ha hilvanado su poemario con una secuencia de símbolos y referencias que en mi opinión, potencian el disfrute de su lectura y enriquecen el contenido del texto. El esquema simbólico que Sandra ha escogido para darle un marco conceptual a su obra delata claramente la intención de la autora de asumir el libro como un proceso de eiségesis metafísica.

Y quiero resaltar el hecho singular que se plasma en lo creativo en una obra de estas características, e invitar al posible lector a abordar este tipo de poesía como un desplazamiento hermenéutico, como una consecuencia del fermento ontológico, y así recorrer con mejores luces los entresijos de una poesía como la que Sandra propone, una poesía que apunta hacia un hecho trascendente y que asume su factura estética sin reparos ni escusas.  Porque “Vengo del silencio” es un libro que requiere de un razonamiento contenido dentro los parámetros de su esquema simbólico, esquema este, que ha sido tomado directamente de la mística cabalística hebrea.

También quiero subrayar que un libro de estas características es particularmente oportuno en un mundo donde el significado transcendente de los vocablos y la profundidad de la razón existencial, han sido sustituidos por la híper excitación de las razones vitales superfluas y por un asedio constante de un materialismo hedonista, que ha terminado por trivializar el hecho místico en el arte, erosionando el sentido profundo de lo humano y negando en su ceguera la milenaria inclinación del Hombre hacia lo sublime.

Es por esto que la aproximación al hecho místico en lo poético, y la subsecuente comprensión del acto creativo en su contexto, se vean en muchos casos privados de su contenido en el más básico sentido semiótico, por un inflado concepto de lo literariamente procedente, que en su impulsividad claramente limitada por una razón analógica y cartesiana, ha obviado casi por completo las razones del acto creador como consecuencia directa de la disociación transpersonal que toma lugar en la consciencia y el alma del artista.

El psicólogo alemán Carl G. Jung defendió hasta su muerte que el hecho místico en el arte estaba siempre relacionado con el  lenguaje onírico y simbólico, y que la naturaleza metafísica de este proceso era inseparable del progreso espiritual del Ser. Dicho en otras palabras: búsqueda espiritual, inmersión en los estados suprasensibles y la esencia mística del acto creador estarían íntimamente relacionadas.

Y me he permitido aquí estas analogías porque soy un convencido de esta perspectiva – y aunque claramente sé, no es la única–  la considero fundamental para poder abordar el hecho místico en el arte, pues no podremos aproximarnos a su completo sentido sin antes comprender el trasfondo de su intención trascendente. Por ejemplo; seguramente nos perderíamos de los estratos más profundos de la poesía de Yeats, Goethe, Blake, Milton o Novalis,  – por tomar algunos ejemplos occidentales notables – si desconociéramos sus inclinaciones metafísicas, sus afiliaciones esotéricas y los esquemas místicos y simbológicos que usaron para dar sustrato a sus propuestas literarias.

Porque en la poesía mística, la ruptura transpersonal que antecede al acto creador es definitoria. Luego el artista plasmará su visión y esperará lo mejor para su mensaje, pero la experiencia esencial será siempre previa e intransferible. Y esto es así, porque el estado de profundidad no puede ser legado, solo puede ser sugerido, y en este caso poetizado por el artista que aspire a compartir los hallazgos de su viaje a los niveles sutiles.

Y creo que esto es perentorio para abordar la poética de Sandra Collazos, y lo mismo será cierto para cualquier otra propuesta artística que navegue en estas metafísicas aguas. – y entiéndase aquí, que al decir todo esto, no excluyo las múltiples formas de asumir  la poesía y el arte.  Siempre se podrá disfrutar de la poesía como un viaje estético y celebrar su adornada belleza y su pulso emocional sin mayores rigores ni profundidades –   pero el lector que pretenda escrutar la esencia oculta de un texto místico, sin comprender las razones esotéricas de su manifestación, se estará privando de parte de la obra, y ciertamente disfrutará de la belleza del vehículo, pero le eludirá el mensaje profundo.

Y es que la poesía de Collazos es una poesía que nace de la tensión de pretender lo transcendente, y que más allá del hecho estético, viaja en un flujo confesional que utiliza lo poético como un medio, creando de esta forma un testimonio de su búsqueda espiritual.

Dicho esto, puedo entonces sugerir a grandes rasgos ciertas claves de la poesía de Sandra que considero ejemplifican esta aproximación a la que aludo: Veo en sus tropos, lo mismo que en sus referencias visuales, una clara otredad, mucho más que un intimismo. Hay en su pluma una definida direccionalidad en la concreción del hecho suprasensible, que delinea la sutil maquetación de su escenario poético. Escenario este, tomado del reservorio simbólico de la tradición judeo-cristiana, tradición compleja y diversa – y que a mi modo de ver – está todavía aquejada de una proyectividad ex corpore del hecho místico que todavía no ha superado la trampa espacio temporal y que la posiciona claramente en los niveles iniciales del sendero.

Para el ojo iniciado serán evidentes las referencias mágicas que jalonan los versos de la poeta Collazos. Nostalgia de lo perdido, añoranza de la plenitud y desánimo ante la soledad. Evocaciones todas estas que vibran de una belleza poética y una tensión existencial notable. Hay también una plétora de mutaciones, pareceres, visualizaciones  y representaciones arquetípicas de lo luminoso, que sin lugar a dudas hablan de un espíritu en camino, de un alma que se afana en los entresijos del precipicio mortal y que asume una perpendicularidad volitiva en su deseo de ascensión. Estas señas singulares son en la poesía de Sandra, elocuentes y claramente corpóreas, saturadas de un candor vital que añora dar sentido a las ondulaciones fluctuantes de lo trascendente y que en su lograda esteticidad, utiliza los símbolos como referencia de lo experimentado.

Es por todo esto que no puedo sino invitarlos a leer este hermoso libro y viajar en el sueño de esta novel poeta. Invitarlos a sumergirse en sus páginas y visitar con ella ese silencio elocuente y luminoso del que viene. Ha escrutar sus versos, a descifrar sus enigmas y estremecerse con su desnudez espiritual. Y de este modo, beber un poco de esa hermosa decantación poética que Sandra nos regala.

Gorka Lasa.                              

Panamá, Agosto 2017.