Sobre Cultura

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Por Gorka Lasa

Globalización y Universalidad no van de la mano, son más bien excluyentes.
La globalización se da en las técnicas, en el mercado, en el turismo, en la información. La universalidad es la de los valores, los derechos del hombre, las libertades, la cultura, la democracia’.
Jean Baudrillard

La cultura, debería estar de primera en los planes progresistas de una humanidad ascendente, y sin embargo, la contracción descendente impera y el concepto se debilita, pierde su estatuto en la jerarquía del valor humano. ¿Pero por qué esto es así? ¿Por qué la valoración de la cultura ha caído tan bajo? ¿Por qué la lógica comercial impera sobre la humanista y el planeta se desliza hacia la entropía de los valores, los sentidos y los contenidos? ¿Cómo hemos llegado a este triste estado banal y regresivo de cosas?

La vitalidad cultural, el dinamismo de su energía creativa, es proporcional a la intensidad y profundidad de los fundamentos que sostienen el equilibrio fáctico de la percepción cultural colectiva, es decir que; la cultura es equivalente al grado de coherencia alcanzado por sus más desarrollados exponentes. De ahí que la cualidad innata de lo “cultural” prevalezca por si misma y decante a todas las capas de las cultura planetaria, enriqueciendo con sus manifestaciones multiculturales, la calidad y coherencia de sus significados. O también, en caso inverso, degenerando, contrayendo el sustrato cultural, hasta que este se torna mediocre, y es por esto que los abordajes que se hagan del mismo, adolecerán de símil patología.

Me permito aquí recordar la etimología de la palabra Cultura, que significa; cultivo, cultivar [lat; cultus, curatio], es un concepto dinámico, es un verbo, el de cultivar o curar, sanar lo enfermo, la ignorancia, la falta de luz. De ahí que se hable de “cultivar” la cultura, o de un hombre “cultivado”.

Esta es la razón por la que a ciertas manifestaciones religiosas se les denomina “cultos” por que rinden “cultus” a una ideología en particular, es decir, cultivan una “cultura” religiosa particular. Este ejemplo es una buena analogía, pues explica la aplicación del término en todo el espectro. El hombre culto es el que cultiva, o se cultiva, pues sigue un “culto” específico, en este caso el “culto” del mejoramiento y el desarrollo del Hombre.

Y este es el quid de mi argumento. Sin desvalorar los necesarios y vitales esfuerzos que hombres y naciones hacen para fomentar y preservar la “cultura”, es decir, lo ya cultivado, nada cambiará realmente de raíz, si primero no “cultivan” la nueva cultura y, a su vez, la “curamos” [curatio] de los mediocres flagelos que la parasitan, de los reduccionistas y simplificares conceptos que intentan definirla. Si esto no se da, a mi parecer, todo intento se verá coronado con el fracaso o el rédito parcial, y lo que es peor, los representantes de esa “des-cultura” decadente serán aún más ciegos en el futuro y esto repercutirá directamente en la fibra moral de estas sociedades fragmentadas.

El hecho de que, desde un punto de vista histórico, se viera al hombre “cultivado” como fuerza primaria de la potencialidad de civilización, ocasionó que el significado de “cultura” fuera interpretado como identidad nacional o folclore, conceptos estos, que están supeditados a la cultura. El folclor es una de las manifestaciones de lo “cultural” y no a la inversa. Esta simplificación, es la que nos ha hecho pensar que la cultura es solamente las costumbres, las opiniones, ideas dominantes, formas de vida y modos representativos que caracterizan a un pueblo o colectivo, para ser justo, esto es en parte cierto, pero no es ni de cerca toda la verdad.

La cultura no solo es una forma específica de un género llamado civilización humana, es también la suma integral de todos los sentidos y potencialidades del desarrollo humano, y por sobre todo, el espiritual. De esta manera, la cultura hace posible el “cultivo” o “culto” del hombre  en el mundo, visión que la misma cultura nos propone; “cultivo” que se orienta siempre en dirección de la plenitud vital; la liberación del hombre de las cadenas autoimpuestas por su propia ignorancia.

Por lo tanto, mi propuesta es “cultivar” la cultura, pero desde su núcleo más esencial, el alma del individuo, desde ahí, propiciar el refinamiento de las manifestaciones humanas y la coherencia de sus proyectos de civilización, pues, solo cultivándose, el hombre se hace sabio y se libera de la oscura caverna de la ignorancia y la autocomplacencia egoísta, y me refiero a la caverna de Platón, símil metáfora de la [des/in]cultura del hombre. Una humanidad que no reconoce sus potencialidades, y aún peor, que las olvida o desdeña por lo frívolo y banal, esta condenada a vivir en la penumbra de lo relativo, lo nebuloso de la razón fragmentaria, las sombras de la contracción regresiva.

Es un imperativo humano, el mejorar, preservar y reubicar el estatuto cultural a su nivel meritorio y consecuente con la naturaleza integral de una nueva visión planetaria del hombre, es menester igualmente, garantizar la calidad del “culto” de esa cultura para el futuro. En fin, ir “cultivando” y “curando” al hombre.

La emancipación y la gran recompensa del Ser aguarda en la semilla de la gran civilización del mañana. Y ésta solo verá la luz de un nuevo día, cuando individual y colectivamente iniciemos el sendero hacia lo auténticamente real, lo verdaderamente humano, lo excelso, lo trascendente.

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