Poética, identidad y fundación

el

Por Gorka Lasa

Los poetas y la poesía representan
la salud espiritual de los pueblos,
porque un país sin poetas no es nada.
Octavio Paz

La poesía es un arma cargada de futuro.
Gabriel Celaya

Siempre es difícil comenzar un ensayo, cuando parte de su trama implica la particular transcripción de los simbólicos caracteres del sentimiento humano a un código binario y material. La traducción literal del lenguaje del alma a su contraparte manifiesta, el lenguaje prosaico de nuestras cotidianas vidas. Esto es, en justa escala, una tarea noble y, en mi caso, una deuda de gratitud con la amistad y la camaradería. En un profundo agradecimiento hacia una nueva generación de poetas que sé, con toda certeza, redefinirán el perfil literario del futuro ser panameño.

Por que como bien dice Vásquez Roca “La poesía es el lenguaje prístino de un pueblo histórico. Un pueblo al que el poeta, como sobreviviente de un paraíso perdido, quisiera regresar como testigo visionario -hoy forzosamente marginal- de esa edad dorada de lo humano” Pues ”los poetas son fundadores del ser; son, por lo mismo, los depositarios de los mitos fundacionales de un linaje, de una familia y más tarde de un pueblo, son los únicos capaces de revelarnos el origen y la esencia por cuya pérdida andamos arrojados en una existencia que nos vela su manifestación.”(1)

Pero los poetas también (aunque no lo parezcan) son hombres y mujeres de carne y hueso que pululan entre las sombras. Son aquellos que tantas veces están pasando desapercibidos en la vorágine de la masa posmoderna y sin embargo son agentes vitales para calibrar y conectar con la auténtica identidad del ser panameño y nuestro sueño fundacional.


El poeta ríoplatense Roberto Juarroz nos advierte con gran lucidez; “La poesía abre la escala de lo real y nos impide seguir viviendo escuálidamente en el segmento convencional y espasmódico de los automatismos cotidianos. Es una ruptura para siempre, que nos sitúa en el infinito real, el infinito que empieza en cada cosa y deja de ser así un anacrónico decorado o una invocación medieval. Esto pone en su lugar al hombre y desplaza lo secundario, desde la política o el deporte hasta los carriles mercantilistas de la reputación o el éxito.”(2)

Y es que estos zapadores de la cultura, estos poetas del gran canto nacional están viviendo simultáneamente vidas diferentes y paralelas y, a pesar de que cada día es más difícil el precio vital, no pueden hacer otra cosa que asumir la noble tarea de los oficios del arte poético y resistir en la resistencia de la resistencia, como nos lo enseño Ernesto Sábato. “En esta tarea lo primordial es negarse. Defender, como lo han hecho heroicamente los pueblos ocupados, la tradición que nos dice cuanto de sagrado tiene el hombre… Porque el mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria.”(3) Es por esto que son embajadores ex profesos de nuestra patria; nuestra alma, nuestra matriz, Panamá.

“Cómo me voy a olvidar, si fuimos nosotros
los que morimos, los que perdimos,
los que no regresamos…
Cómo no voy a resistir, si los que quedamos
a la intemperie, los huérfanos fuimos nosotros.
Los que no pedimos nada y perdimos todo,
los que, sin remedio, lo dimos todo
y recibimos en pago humo y ceniza
ceniza y olvido.”(4)

Panamá es nuestra madre nutricia, nuestra única alma mater como bien la llamaban los griegos. Es literalmente la tierra bajo nuestros pies, es a ella a la que nos debemos, es por ella que los panameños luchan cada día, y es ella la santa señora que nos da vida y nos alienta.

No podemos confundirla con símbolos, banderas, himnos, fechas, próceres o exiguos políticos. Todos ellos también se deben y son servidores de nuestra madre Panamá, aunque tantas veces lo olviden creyendo en los delirios de sus propios apetitos.

Es en esta búsqueda del canto original, como se convierte la poesía en aliada de los pueblos y sus luchas de libertad, pues su exaltación, bien sabemos, mueve montañas y cruza universos.

“Es así como el dominio de la poesía es el de las palabras fundacionales de lo humano, palabras que preservan una forma de vida. La poesía es, pues, una ocupación. Su labor, como guardiana del mito, es instalar constantemente al hombre en su origen, en su pertenencia a la tierra, entendida ésta como la provincia, en oposición a la vida de la urbe, donde con el advenimiento de la técnica ha acontecido el oscurecimiento del ser.”(1a)

Es por esto que los poetas son vitales en el acto de defender, valorar y avivar la llama de aquel fuego sagrado que nos recuerda la supremacía del origen más allá de cualquier definición o estereotipo. “Búsquedas raizales”* nos ocupan y nos colman de necesidad y hastío, por que los verdaderos poetas sufrimos también por todo aquello que no podemos poetizar.

Hay algo sagrado en la tierra y la tradición de nuestros ancestros y no podemos olvidarlo so pena de perder nuestra identidad y nuestro origen. ¿Qué puede ser más necesario que esto? Si Panamá pierde su alma e identidad; si la dejamos perecer en el mercado del mundo, si dejamos que los buitres del capitalismo se harten con sus entrañas, si la vendemos sin reparos al mejor postor, todo habrá sido en vano.

En otras doradas épocas los poetas gozaron distinto destino, ellos eran los responsables de cantar las historias populares para garantizar que sus pueblos no olvidaran. Eran y son los agentes vitales, activadores de la memoria, para que no sucumba la esperanza de los pueblos en el terrible calidoscopio del presente. Los trovadores vitales, teúrgicos peregrinos de un saber escaso y hace mucho, perdido.

Cantaron a sus hermanos para que éstos se mantuvieran firmes en el sueño colectivo de lo original y lo futuro. El ideal patriótico. La direccionalidad mítica y simbólica de los pueblos. Nuestra conciencia colectiva. Nuestros sueños de libertad, igualdad y justicia para todos, no solo para un pequeño grupo.

Por eso “la poesía es el nombrar fundacional del ser y de la esencia de todas las cosas, un decir por el cual sale a lo abierto por primera vez todo aquello con lo cual luego tratamos en el lenguaje cotidiano. Por eso la poesía nunca toma el lenguaje como una materia prima preexistente, sino que es la poesía misma la que posibilita el lenguaje. La poesía es fundación del ser por la palabra.”(1b)

Por que aunque los tiempos cambien y los temperamentos de los pueblos sigan a estos cambios, aunque viejas naciones den a sus perfiles nuevos maquillajes y arandelas, si miramos con detenimiento y sano juicio, veremos que es precisamente la defensa de los orígenes y del alma primordial lo que mantiene viva la identidad de los pueblos que aún subsisten.

Si el cohesionante simbólico del sueño fundacional es perdido, el pueblo fragmentado pierde su identidad. Pierde literalmente su alma y seguramente caerá esclavo o morirá a manos de una cultura más conectada con su sueño mítico, ésta se impondrá sobre la cultura ya débil, sin vergüenza ni reparos, con toda facilidad.
Es este sagrado combate de defender el sueño original de la matriz patria, es donde probablemente los agentes más notables y necesarios son los artistas, los hombres libres de mentes insurrectas, entre ellos, los poetas. Ellos son los que pueden hacer arder el fuego de la madre al punto de lanzar a las masas contra sus opresores o políticos tiranos. Sus cantos tienen la chispa del enardecimiento y sus imágenes vuelan libres por el espíritu de sus pueblos.

Cuenta una antigua fábula griega la historia de un poeta y tambor, que acompañaba a las tropas y guiaba las marchas con sus ritmos y cantos. Cuando su ejército se vio aniquilado y los enemigos lo cercaron para matarle, éste pidió tregua, argumentando que era poeta y que sus armas eran solamente su voz y su tambor. Los guerreros enemigos le contestaron: precisamente por eso haz de morir, por que tú sin alzar la borla, tienes el poder de reunir a todos para la lucha.

Las lágrimas del poeta son ríos de libertad y su pluma es la espada que no descansa, delirio de libertad que no puede perecer, es la garantía de nuestra herencia humana, por eso sigue enfrentándose al frío mundo del dios Mammon y sus templos de serviles fariseos.

Es esta la razón por la que todos los tiranos, dictadores y regímenes opresores de la historia siempre arremetieron contra los artistas, intelectuales y creadores, pues sus conciencias no pueden ser compradas con el oro de la ambición y el poder. Sumidos en la sinrazón grotesca de sus parodias insostenibles, arremeten con el plomo y la mazmorra, tratando inútilmente de doblegar el espíritu, de encadenar a la idea.

El laureado poeta argentino Juan Gelman, ganador del premio Cervantes 2007, denunció que continúan desaparecidos todavía más de 100 poetas como consecuencia de la dictadura militar argentina (1976-1983). En sus palabras: “Asesinaron a muchos y grandes poetas, como Miguel Ángel Bustos y Francisco Udón, y últimamente haciendo un recuento resulta que hay más de cien poetas desaparecidos, unos jóvenes que empezaban y otros muy conocidos”(5), dijo Gelman, quien perdió a su hijo en la dictadura.

Como si esto fuera poco, la sociedad actual desdeña y, en muchos casos, critica a los poetas, pues éstos nunca podrán encajar en el trivial engranaje de lo mundano. Los pueblos han olvidado el antiguo llamado perenne del poeta y se regodean satisfechos en su triste materialidad. ¿Es que no se dan cuenta que estamos perdiendo la identidad?

II.

¡Ya es hora!
no mintamos nuestra efigie
nuestro yo desposeído
no alentemos nuestros pasos al frío
ausencia última en este mundo tantas veces
miserable
nuestro anhelo se siente arrinconado
¡y hay que asirlo!
estremecerlo en su horizonte
aflorarlo en este péndulo de angustia
entre nosotros los abandonados
en medio de las instancias agrietadas
en medio del destierro que es la vida
y el llanto que es la muerte.(6)

Los grandes visionarios y caudillos de la historia siempre supieron que el elemento poético aunado a un ideal es un fuerte vector de energías y cambios. Simultáneamente son un gran riesgo para los ilusorios sueños de poder de los ambiciosos y sus cómplices religiones. Además, solo pocos y grandes líderes, de los cuales hoy el mundo escasea, gritaron sus proyectos humanistas desde la polaridad político-poética. Gautama Buda, Platón, Mahatma Gandhi, Alejandro el grande, Martin Luther King, Simón Bolívar, Che Guevara, John Lennon, y tantos otros que cambiaron el mundo a la luz de sus sueños poéticos, por que el poeta no es solo el que escribe poesía, sino el que habita poéticamente el mundo.

Con la razón política utilizada con justicia, se puede construir el futuro, pero con la fuerza poética se avivan las llamas de los sueños y se conecta al hombre con la energía del ideal fundacional. La razón original y profunda de la identidad. Poder de la palabra y el ingenio, que ha destronado reyes, decapitado dinastías y enardecido revoluciones.

Y es esto lo que odian y temen los opresores. Ignorantes y burdos, solo pueden reprimir y anular en su obcecada ceguera, pues ellos nunca poseerán la elocuencia poética, la magia de los grandes visionarios de la historia. Fueron aquellos vates los que cantaron el futuro con las notas de la fuerza poética y alzaron a sus pueblos a la aventura de la verdadera autodeterminación y su única soberanía emancipadora.
Esto es tan así al punto que nos preguntamos; ¿Era Simón Bolívar un Libertador poético o un Poeta libertador?, ¿Era Gandhi un poeta pacifista o un espíritu poético? ¿Era el Che Guevara un poeta revolucionario o un revolucionario poético?, pues en ellos y, en tantos otros nombres preclaros, parecen converger ambos y más roles.

El alma de lo original anclada en el empeño fundacional de la identidad es, tal vez, la única energía capaz de unirnos en un fin común más allá de las temporales y mezquinas diferencias que los hombres y pueblos se imponen a ellos mismos, pues la madre patria nunca hará tales e injustas distinciones.
Es por todo esto que yo defino a los poetas, como los Imprescindibles, recordando a Bertolt Brecth. En nuestros pueblos podemos darnos el lujo de prescindir de unos cuantos abogados, banqueros, especuladores, comerciantes, y muy definitivamente podemos prescindir de tantos políticos corruptos, traficantes de vicios, apologistas de lo falso y predicadores de la mentira y de ahí, toda la demás ralea que gotea hasta lo profundo del pozo de la oscuridad y la ambición humana.
Pero de los poetas no podemos prescindir. No solo por que son escasos y taciturnos, extraños animales inclasificados, sino por que son, en verdad, una especie en extinción, una estirpe híbrida de creadores que se ahoga en el insensible océano de lo cotidiano. Excelsos artífices de una realidad más sublime y profunda. Aquella poética, digna aspiración humana que hoy pareciera olvidada, abandonada en el rincón de lo absurdo.

Nadie puede argumentar el poder de los poetas a lo largo y ancho de la historia humana, en toda era y época, desde los albores del tiempo, siempre hubo unos pocos a los que se les maldijo con el pesado fardo de la visión poética. Y este castigo tenía una secreta razón de ser. El conocimiento de esta razón también se le negó a los poetas, con el único propósito de avivar aún más la añoranza.

Algunas veces,
de madrugada,
parece que las tímidas formas
engendraran la mirada inescrutable del poeta,
y vierten entonces los minutos
la fecundidad de sus alas.
Y así, en este mundo sin edades,
nace el verso
como el único testimonio posible. (7)

Porque la luz de las visiones poéticas nunca será mas necesaria que cuando los tiempos se tornan oscuros y los pueblos comienzan a perder el timón de sus sueños e ideales. Cuándo los vendavales de la historia se nos vienen encima, cuando los saqueadores de la tierra asechan. Cuando el sentido humano zozobra en los arrabales de lo absorto y los humanos parecieran haber perdido el sello de la dignidad y el honor. Comienza entonces a agonizar la libertad y los pueblos se hacen esclavos de sus propios intereses.
En una suerte satánica de la fábula del rey Midas, el hombre pierde su alma, su identidad fundacional y su honor, al tratar de trocar todo en riqueza y falso desarrollo. Contradicción de nuestro tiempo. Al crear el mundo en que vivimos, rapiñamos y destruimos la tierra que lo sostiene. Algo así como hacer un fuego en la panza de un bote de madera, ¿por un poco de calor dejaremos perder la embarcación?

III.

Es esta la paradoja que nos atrapa, un mundo que se aproxima a sus límites mientras otro sueño más humano trata de retornar a su ser y a su equilibrio. ¿Un canto de cisne talvez?

Dos grupos o tendencias mundiales se debaten en una suerte de tirantez ontológica. Unos pocos, artistas, intelectuales, librepensadores, luchadores a contracorriente armados de una poética existencial, personifican de alguna manera el cambio y la renovación hacia una nueva visión del mundo y la conciencia. Proponemos una nueva poiesis, plenamente habitada de un nuevo estrato del potencial humano.

En el otro bando el antiguo paradigma alimenta los delirios y temores caducos de políticos y ambiciosos comerciantes. Un terrorismo creciente irremediablemente atado a su razón; las religiones del libro.

Obsesionados y materialistas, luchan por el oro y el poder. Y lo que es más patético, justifican la matanza en nombre de Dios ¿Dónde dejaron el espíritu estos tristes hombres unidimensionales? ¿Qué terrible enfermedad del espíritu tornó sus corazones en hielo y sus sueños en codicia?

Es frente a estos retos que el poeta se hace más necesario que nunca, pero su extraño linaje está en peligro. Al igual que el planeta y su fauna. Tanto como los bosques que son talados sin contemplaciones. Tan terrible como el saqueo y contaminación de nuestros océanos. Así también agoniza la fauna humana por falta de principios. Diezmados y relegados por la vorágine aplastante de un modernismo sin alma, de un planeta sin memoria, donde lo pueblos son esclavos. ¿Dejarán morir en el olvido a los cantores, molidos al fin por la pobreza y el infortunio? Sin protección ni amparo, subsisten entren la turba y luchan por mantenerse nobles, frente al corruptor anclaje de una sociedad enferma y manipulada.

¿Es que no hay espacio ya en el tiempo para los voladores del éter? ¿Es que los perros de la guerra mataron a plomo y garra el legado de los sutiles? ¿Será que a la especie que no puede ser domada se le aísla para que muera sola? ¿Será que al no poder comprar nuestras conciencias, decidieron reducir nuestros viajes a la patética sorna de jerarquías y critica? ¿Será el excelso poema empeñado en el altar de la usura, para poder vivir un día más de pan rancio y agua oscura?

El panorama es desolador, no solo agoniza el planeta, también adolece de superficialidad, ignorancia y vacío. Y entre todo lo que se perderá para no volver, está el grito doliente de los intuitivos, de los que nacieron sin remedio con la lámpara de Diógenes. Aquellos de antigua especie están hoy en peligro de extinción. Los poetas.

En el Centro, en el Eje,
pulsa una Revolución a fuego lento,
el temido cataclismo
será sólo el reacomodo
de un Nuevo Orden Centrípeto. (8)

Y la razón de esta situación es la misma para todos, incluida la raza humana. El derrotero de nuestra ambición nos lleva sin remedio hacia la anulación de lo evidente y lo real. La virtud de los valores sangra por la yugular mientras la gula del mercado se sacia hasta la náusea con la herencia de nuestros hijos.
Dolorosa es la fragmentación de un mundo que poco a poco pierde su gloria y su magia, para dar paso al rey tuerto y su parodia de sangre y simulacro.
Es esta la trágica y posiblemente fútil misión del poeta, muchos caerán en el camino de los insensibles, muchos sucumbirán en soledad mientras las trincheras de la palabra se tiñen de sangre, y así tantos se perderán y el futuro de nuestros pueblos penderá de un hilo. Tal vez en esa última hora, quede todavía algún poeta para cantar nuestro descenso hacia el abismo, recordándose a sí mismo por qué fue que existimos. Y tú, ¿lo recordarás o será olvido, para siempre?

IV.

Amigos y hermanos poetas, los cantos se hacen imprescindibles y los caminos convergen. La razón altiva agoniza y el estatuto de libertad pierde su vigencia en la virtualidad del presente. ¿Dejaremos caer la espada? ¿Perderemos para siempre nuestra identidad? ¿Tendrá el tiempo la última palabra?

El poeta no tiene otro remedio que ser poeta, y así debe crecer en su propia esfera y definir su inimitable vuelo. “Esto exige que el poeta despeje en sí caminos que no recorrió antes, que desbroce las malezas de su subjetividad, que no escuche el estrépito de la palabra impuesta, que explore los mil rostros que la vivencia abre en la imaginación, que encuentre la expresión que le dé rostro en la escritura. El internarse en sí mismo del poeta es un atrevimiento que lo expone a la intemperie. Aunque bien decía Rilke: “lo que finalmente nos resguarda es nuestra desprotección”. Ese atrevimiento conduce al poeta a un más adentro de sí que lo trasciende como ser. Es un trascender hacia sí mismo que se dirige a la verdad del corazón y a la verdad del mundo. Marina Tsvetaeva, la gran poeta rusa aniquilada por el estalinismo, recordó alguna vez que el poeta no vive para escribir. Escribe para vivir.”(9)

Citas y Notas:
(1) (a,b) Poesía, naturaleza e historicidad. Ensayo de Adolfo Vásquez Rocca, 2003.
(2) La Poesía: El mayor realismo posible. Ensayo de Roberto Juarroz, 1986.
(3) La Resistencia. De Ernesto Sábato. Seix Barral, 2004.
(4) Tomado de: Memorial de diciembre. Poemario de Héctor Miguel Collado.
(5) Noticia del 29 de julio del 2008, del diario argentino, La Republica.
(6) Tomado de: Somos la imagen y la tierra. Poemario de Salvador Medina Barahona. Signos, 2002.
(7) Tomado de: Meditación en un laberinto y otros extravíos. Poemario de Javier Romero Hernández. 9Signos 2006.
(8) Tomado del poema: Telúrico. De Edilberto “Songo” Gonzáles Trejos.
(9) Fragmento del discurso, por el poeta argentino Juan Gelman durante la entrega del premio Cervantes 2007.

* Expresión acuñada por Edilberto “Songo” González Trejos.

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